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La Ansiedad. Características Neurobiológicas. Genética



La ansiedad es el eje emocional principal por el que el ser humano determina su adaptación, utilizando como respuesta tres ejes: Fisiológico, Cognitivo y Conductual y en el que existe una percepción de amenaza al organismo con una activación biológica que reacciona ante tal percepción.

Se especifican 12 trastornos de ansiedad, que aún y con sus características propias, la mayoría mantiene la similitud del tratamiento. En algunos tipos este debe ser mixto (psicoterapia y psicofarmacológico) predominando la psicoterapia como una de las principales formas de tratamiento. La elevada comorbilidad psiquiátrica es otro factor presente en todos los trastornos de ansiedad.

De acuerdo a los estudios más recientes en cuanto a las características neurobiológicas, estos se relacionan directamente con cada tipo, y podemos resumirlo de la siguiente manera: la presencia de la amígdala como mediador del estrés, miedo y ansiedad, así como la participación de la disfunción noradrenérgica en ciertos trastornos de ansiedad. A su vez, vemos como la clonidina juega un papel importante en los efectos de disminución de la tasa de pánico y la vía serotonérgica en los comportamientos de huída y evitación. Así mismo, los estudios afirman que el miedo, el cortisol elevado y un bajo pCO2 son los mejores predictores del pánico.

De los estudios de gemelos, de familias y análisis de segregación, se deduce en el trastorno de pánico, una heredabilidad del 40% en gemelas, así como factores genéticos comunes en trastornos de pánico, fobias y bulimia. Los estudios de familia arrojan un incremento 3 veces mayor en la proporción del trastorno entre familiares de primer grado. Los factores genéticos comunes con fobias pueden existir.

Con respecto a la genética clínica de los otros trastornos de ansiedad, existe una heredabilidad de entre un 20 y 60% con una mayor contribución de los factores ambientales. Son necesarios más estudios en cuanto a genética molecular. Nuevos descubrimientos genéticos serán relevantes para la terapia del paciente.










¿Por qué ya los niños no juegan con verdaderos juguetes?

Hay que trabajar en buscar herramientas para no desvincular a nuestros niños de lo que es el verdadero juego. Desde pequeños debemos otorgarles ese espacio donde ellos se enfrenten a sus juguetes y experimenten con ellos. Hoy en día, muchas madres por falta de tiempo (otro problema de la era) ponen a sus hijos frente a un televisor desde muy pequeños o les dan estas nuevas herramientas tecnológicas para mantenerlos absortos por largo rato. No se piensa que esta herramientas, pueden convertirlos en seres fríos y antisociales, que además aprenderán a obtener una recompensa inmediata por el mal comportamiento. En otras palabras: pierden la emoción de esperar por una sorpresa o trabajar para lograr algo.

Entonces cabe la pregunta, ¿serán los padres en gran parte culpables de este abandono a los juguetes?
¿o es meramente obra de la nuevas tecnologías en la nueva era?




Evaluación de las habilidades sociales


Para empezar hablando de la evaluación de las habilidades sociales, debemos empezar por conocer que las habilidades sociales son todas aquellas conductas que manifiesta una persona cuando interactúa con su medio, en donde intervienen la emoción, los deseos, las actitudes y las opiniones, entre muchas otras.

El saber expresar nuestras emociones, la capacidad de emitir juicios, hacer planteamientos, iniciar y mantener conversaciones, defender nuestra posición, y hasta saber sonreír son algunas de las habilidades que todos necesitamos para lograr una adaptación social que se traducirá en bienestar y autoestima.

Desde pequeños, gracias al modelado y la instrucción, somos capaces de aprender estas conductas y habilidades que nos permitirán un adecuado funcionamiento interpersonal. Sin embargo, factores como el nivel socio-económico, pertenencia a determinados grupos o valores y comportamientos propios de cada familia, influirán determinantemente en este aprendizaje. Por lo que hoy las habilidades sociales constituyen un procedimiento de intervención, por medio del entrenamiento de técnicas conductuales y cognitivas con el fin de que el individuo adquiera conductas que no ha adquirido, o conductas que posee pero que son inadecuadas.

La evaluación de las habilidades sociales está enfocada en identificar las dificultades existentes o la ausencia de alguna habilidad, para así poder planificar los programas de entrenamiento. La evaluación requiere de mucha exactitud a fin de identificar factores externos que puedan estar influyendo en la manifestación o no de ciertas conductas, como por ejemplo la motivación. Así mismo es indispensable identificar aquellas habilidades sociales que se manifiestan de manera eficaz y utilizarlas para el reforzamiento de otras.

A la hora de evaluar las habilidades sociales, debemos tener en cuenta los componentes motores y conductuales y los cognitivos y los fisiológicos. De igual forma debemos tomar en cuenta las disponibilidad de recursos personales y materiales, los agentes implicados que son las fuentes de evaluación, las cualidades psicométricas y las áreas a evaluar.

La entrevista, la observación el autoinforme y el autorregistro son herramientas para la evaluación de los componentes conductuales (expresión de sentimientos y opiniones, pedir favores, iniciar conversaciones, disculparse, decir que no, defender los propios derechos, entre otras). Cada una ofrece sus ventajas y desventajas así como la complejidad en su aplicación. Con el fin de obtener resultados de la manera más precisa, en mi práctica profesional, yo tendería a utilizar dos o más herramientas que me ayudaran con la exactitud de los resultados.

Por su parte, la evaluación de los componentes cognitivos (pensamiento, percepción, conocimiento y procesamiento) también se valen de herramientas como la entrevista, cuestionarios, observación, autoobservación y autorregistro para identificar aquellas cogniciones que pueden interferir en la adquisición o manifestación de las conductas. Un ejemplo de ello, es la ansiedad, la cual puede inhibir las respuestas habilidosas en el sujeto. Otros ejemplos pueden ser las creencias irracionales, patrones de pensamiento distorsionado, o expectativa negativa. Para la evaluación de estos se han empleado dispositivos electrónicos con el fin de evaluar los pensamientos subyacentes a determinadas habilidades.

Los componentes afectivos evalúan los cambios fisiológicos que se producen en la persona como consecuencia de una actividad psicológica. Estos pueden ser la tasa cardíaca, la presión sanguínea, flujo sanguíneo, la tensión, relajación muscular, respuestas electrodermales y respiración. Para su evaluación, se utilizan instrumentos diseñados específicamente para ellos.

Al hablar de los agentes implicados, hablamos de aquellas personas significativas del entorno de la persona a evaluar, que pueden aportar una información útil para la evaluación. Debemos ser cuidados al discriminar la información que obtenemos por medio de ellos, ya que la subjetividad, la deseabilidad social o la falta de formación son factores que pueden interferir en el resultado veraz de nuestra evaluación. Entre los agentes podemos mencionar a los padres, familiares, amigos o compañeros y el profesorado. Con ellos podemos emplear los métodos del cuestionario, la entrevista, autoinformes. Muchos autores consideran al profesor como una fuente de información muy valiosa por el largo tiempo que pasa con el alumno. Por lo que con tan solo la observación puede aportar mucho a la evaluación.

En el contexto escolar, los procedimientos sociométricos son uno de los métodos más usados e idóneos. Su aplicación representa una forma de evaluación que es a la vez práctica y entretenida para los niños. Entre ellos están los sociogramas, la evaluación de los iguales y los registros de conducta.

Es importante también tener en cuenta las características psicoevolutivas, el nivel cultural, procedencia y nivel de estudio a la hora de ejecutar una evaluación de habilidades sociales.

El entrenamiento en habilidades sociales ha sido aplicado en ámbitos como el clínico, familiar, sanitario, empresarial, laboral y escolar, siendo de gran aporte en la actualidad para ayudar a superar problemas de aceptación social, necesidades educativas especiales, y problemas de tipo psiquiátrico.

Es importante tener en cuenta que para evitar subjetividades y ser lo más precisos posible a la hora de evaluar las habilidades sociales, debe existir por parte del profesional una formación específica en el área así como del uso correcto de los instrumentos que se desean emplear con este fin.

Las habilidad sociales no son más que todas aquellas herramientas que necesitamos para un desenvolvimiento y adaptación social efectivo, por lo que considero que es una práctica obligatoria el entrenamiento de estas conductas en los salones de clase así como la formación de los docentes y de todo aquel profesional que considere su aplicación.

Debemos pensar que estos son los pequeños pasos que debemos dar como profesionales y como sociedad en la búsqueda por erradicar las manifestaciones de violencia que vemos últimamente con mayor frecuencia. Si somos capaces de cambiar las mentalidades de estas nuevas generaciones y construir personas de bien, que sepan expresar sentimientos de amor hacia los demás, que sepan aceptar las críticas y crecer con ellas, que sean capaces de decir NO, que prefieran el conocimiento a la ignorancia, que sepan admitir sus errores y que entonces busquen propagar la paz, entonces podremos decir que hemos dado grandes pasos como personas y como profesionales de la educación.