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Neuropsicología de los Trastornos Mentales



¿Existe alguna relación entre la sintomatología conductual característica de este trastorno y los datos provenientes desde el campo de la Neuropsicología? ¿Cuál es/son el/los nexo/s entre la psicopatología y la neuropsicología del TOC?


Los datos provenientes de la Neuropsicología nos refieren una implicación de los circuitos cerebrales en este trastorno, dándonos evidencia sobre implicaciones de circuitos subcorticales-orbitofrontales así como de anormalidades de ciertas estructuras. Los estudios que arroja la neuropsicología en los que demuestra la existencia de alteraciones cerebrales, han permitido conceptualizar el TOC como un trastorno neurobiológico en los que se han propuesto diferentes modelos que tratan de integrar las estructuras cerebrales que están implicadas en los fenómenos obsesivos con los síntomas ansiosos y afectivos del TOC. Como un ejemplo está la amígdala quien es la responsable de estos síntomas ansiosos de emoción y miedo y el tálamo como una puerta de aferencias de los estímulos hacia la corteza.

La información recibida es transferida del tálamo a la amígdala, siendo ésta última quien valora el estímulo, y a su vez participa en la producción de pensamientos ansiosos y repetitivos por su buena conexión con la corteza, e influye en los pensamientos y las conductas estereotipadas (repetitivas) por su conexión con el estriado. Esta hiperactivación del circuito en pacientes con este trastorno sería la responsable de la aparición de los pensamientos y conductas recurrentes así como de una débil inhibición del sistema, impidiéndoles la eliminación o control de los mismos.
A su vez, estas obsesiones se relacionan con el cíngulo anterior y la parte basal del cuerpo estriado y de sus conexiones con el sistema límbico, dando como consecuencia una incapacidad para seleccionar información relevante de su entorno.
Vale acotar que una de las funciones mayormente alteradas en pacientes con TOC son las funciones ejecutivas, entre ellas la resolución de problemas, toma de decisiones, planificación, priorización de objetivos, regulación de conductas, estando todas estas relacionadas con distintas regiones frontales (corteza prefrontal dorsolateral) y fronto-estriatales y estas a su vez están implicadas en el TOC.
Por otra parte, la resonancia magnética ha demostrado la existencia de distintos patrones de activación en los circuitos neuronales por medio de la exposición de imágenes relacionadas con el contenido de la obsesión o con la acción de la compulsión.
Aunque diversos estudios han sido realizados con el fin de demostrar que los bajos rendimientos o las fallas en la realización de las pruebas neuropsicológicas se asocian con alteraciones en la corteza prefrontal, disfunciones subcorticales, entre otras, solo algunos de ellos son concluyentes.


¿Considera necesario o importante incluir una evaluación cognitiva para estos pacientes? ¿Por qué?


Considero que debido a los nuevos hallazgos en cuanto a la repercusión de las funciones cerebrales alteradas sobre la conducta del paciente con TOC, una evaluación cognitiva puede resultar de mucha utilidad para la detección y conocimiento de las áreas afectadas. Igualmente, nos permite comprender mejor los circuitos neurales que están involucrados en la manifestación clínica, así como las bases funcionales de los déficits cognitivos de este y de otros trastornos.

Por otra parte, puede resultar de mucha utilidad en la aplicación y aprovechamiento de la terapia cognitivo conductual, así como en la puesta en marcha de una rehabilitación neuropsicológica en la que podamos tratar la enfermedad estimulando otras áreas cognitivas.

Por último, creo que esta práctica nos permitirá monitorear constantemente el progreso de la enfermedad del paciente y así seguir un óptimo plan de rehabilitación.

 ¿Qué elementos provenientes del campo neuropsicológico incluiría Ud. en un plan de tratamiento/rehabilitación para estos pacientes?

Considero que una terapia cognitivo conductual llevada a cabo por el especialista (psicólogo) en la que se busca modificar los pensamientos y comportamientos, puede ser muy efectiva para quienes padecen este trastorno. Esta modificación estaría basada principalmente en la reducción de la frecuencia de la sintomatología y el aumento del control de aquellos pensamientos obsesivos que lo impulsan a ritualizar. A la par, considero que la práctica de técnicas y ejercicios de respiración y relajación, son muy útiles y efectivos para bajar los niveles de ansiedad.





El Alcoholismo

El alcohol es una droga con múltiples efectos sobre el comportamiento que posee propiedades
estimulantes, euforizantes y sedantes. Por su parte, el alcoholismo es una enfermedad progresiva,
crónica y altamente recidivante. Es de difícil diagnóstico, por el tiempo que tarda en desarrollarse. En la
mayoría de los casos, la trayectoria transcurre durante 10 años de evolución siendo alguna alteración
del organismo o del comportamiento la manifestante de los síntomas. Sin embargo, existen cuestionarios y marcadores biológicos para su detección precoz.

La dosis, el tiempo transcurrido luego de la ingesta, la forma de consumo (crónico o intermitente), los
estímulos ambientales y la personalidad, expectativas y predisposición genética del individuo, son
factores a tomar en cuenta al estudiar su respuesta y consecuencias neurobiológicas.

Se desconoce aún si es el consumo crónico del alcohol el factor que altera el equilibrio del sistema o si
se trata de una predisposición genética. Se ha relacionado al sistema opioide con el riesgo de padecer
dependencia alcohólica. Cuatro hipótesis lo explican:
-Hipótesis del exceso de opioides primarios
-Hipótesis de la deficiencia opioide primaria
-Teoría de la sensibilidad opioide al alcohol aumentada
-Posible capacidad del sistema opioide para modular la sensibilización dopaminérgica

La Organización Mundial de la Salud ha incluído el alcoholismo en sus clasificaciones diagnósticas: DSM-
IV (1995) y CIE-10 (1992) considerándolo una enfermedad psiquiátrica.

El tratamiento del alcoholismo tiene dos fases: Desintoxicación y Deshabituación. El éxito de ellos
dependerá de su buena planificación y del abordaje multidisciplinar del paciente.
La Desintoxicación suele durar entre 1 a 2 semanas y se refiere a la prevención o tratamiento del
síndrome de abstinencia y la fase inicial del tratamiento de dependencia. No siempre es considerado
necesario el tratamiento farmacológico, siempre que se aisle al paciente del tóxico. Se administrará en
cambio a todos los pacientes con algún signo de abstinencia o aquellos con antecedentes del mismo, y/o
paciente que beban en ayunas. La elección del fármaco dependerá de los antecedentes y situación
orgánica del paciente, gravedad del cuadro de abstinencia y del contexto donde se realiza la
desintoxicación (hospitalario o ambulatorio).

Es importante añadir siempre la Vitaminoterapia (Tiamina) para prevenir algún tipo de daño cerebral.

La Deshabituación, proceso por el cual el paciente aprende a vivir sin alcohol y que dura aprox. 5 años,
se compone de: tratamiento farmacológico y tratamiento psicológico. El tratamiento farmacológico lo
componen los fármacos antidipsotrópicos y los anti-craving. El tratamiento psicológico se basa en el
establecimiento de un plan de acción por medio de estrategias psicoterapéuticas centrado principalmente
en las necesidad del paciente. La familia, forma parte importante del proceso terapéutico. Es
responsabilidad del profesional, conocer las diferentes etapas por las que pasa el paciente antes de
abandonar su adicción, para que su ayuda sea efectiva. La Terapia de grupo también es una
herramienta eficaz para el tratamiento de pacientes alcohólicos. Sin embargo, no todos los pacientes
pueden beneficiarse de ella, haciéndose necesario una evaluación rigurosa por parte del especialista
para la inclusión del paciente a este tipo de terapias.

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